… y es que ya quedan muy pocos taxistas honrados o con los que merezca la pena ponerte a charlar. Con lo bien que quedaba el Fary como taxista…

¿Y a qué viene esto me diréis? Os cuento. A la vuelta de mis vacaciones y llegando a Madrid procedentes de Atenas cogimos un taxi para que nos llevara al hotel que teníamos en Chamartín. La verdad es que era la primera vez que iba a ese hotel y no conocía tampoco muy bien el barrio, pero se ve que el taxista lo conocía menos que yo…
Después de preguntarnos la dirección del hotel unas cuantas veces, el taxista decide que donde voy no es a Chamartín, sino a Fuencarral, con lo que sale en esa dirección, y tras pasarse dos veces la salida y perderse decide encender el GPS. Mi mujer le dice de todo menos bonito y el taxista, buen profesional como él solo, decide apagar el GPS en una rotonda porque le da dolor de cabeza. Resultado: terminamos en los estudios de Tele5 a punto de atropellar a una reportera que quería parar el taxi al grito de “periodista de Tele5“, con nuestro querido taxista buscando una guía para intentar enterarse y cortando el taxímetro. Total, si sólo llevabamos 20€…

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